lunes, 26 de septiembre de 2016

“Para nosotras las muertas por aborto son femicidios del Estado”

El derecho al aborto legal seguro y gratuito continúa siendo una deuda de la democracia, sin embargo, no es una deuda de la militancia, las compañeras de la Campaña por el Derecho al Aborto luchan cada día con convicción para exigir al Estado que se aplique el protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal de embarazo, y que se siga avanzando en el camino hacia la legalización del aborto. 

A unos pocos días del 28 de septiembre, día de lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, Otro Viento dialogó con dos compañeras de la campaña, Maria Julia de Las Azucenas y Julia de Desde el Fuego- COB La Brecha,  sobre su lucha diaria  el proyecto de Ley presentado y sobre la importancia de resistir en las calles, tal como lo demostró recientemente la liberación de Belén. 

El pasado 30 de junio se volvió a presentar por sexta vez el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria de Embarazo (IVE), por su parte Lipovertzky, presidente de la comisión que motoriza dicha ley, dijo: “Las mujeres que reclaman aborto legal también están a favor de la vida” y afirmó que hay diferentes posiciones dentro de su bloque político ¿Cómo analizan ustedes esta nueva coyuntura política?

María Julia: El proyecto de ley de interrupción de embarazo está a favor de la vida de las mujeres, porque justamente con los abortos clandestinos las que mueren son mujeres, sobre todo mujeres pobres que no pueden acceder al negocio millonario del aborto, que siendo millonario es también inseguro.

Nosotrxs presentamos el proyecto por sexta vez, un proyecto reformado a través del trabajo de todo un año realizando foros en muchos lugares del país. Los foros estuvieron compuestos por psicólogxs, médicxs, abogadxs, para ir acomodando el proyecto a todas las legislaciones vigentes. Una de las figuras que se sacó del proyecto es la del objetor de conciencia, que tantas trabas nos trae cuando acompañamos a las mujeres al hospital. En esta coyuntura es difícil, también lo fue en la década pasada, hasta ahora tenemos más o menos 40 firmas, de las cuales 4 son del pro.

¿Se está dificultando conseguir firmas para este nuevo proyecto?

Julia: A diferencia del último proyecto este tiene menos firmas, pero son más los bloques políticos que lo apoyaron. Lo que vemos es que el lobby de la iglesia sigue siendo fuerte, lo ves en los medios, el caso de Belén es un ejemplo de cómo se siguen resistiendo los sectores del poder, sobre todo el mismo Estado.
En el Ministerio de Salud de la provincia  de Buenos Aires, que es donde estamos nosotras, no se están garantizando los abortos no punibles. Denunciamos a la jefa del servicio de ginecología del policlínico por tortura, por violencia institucional ejercida sobre una piba que había sido violada. El ministerio de salud a ese sumario nunca lo avanzó, es la inactividad del ministerio lo que hace aún más clandestino el aborto.

María Julia: Esta coyuntura es difícil, pero nosotras creemos que el proyecto va a salir o se va a empezar a discutir si hay una gran movilización afuera, en la calle, en estos casos individuales, como en el caso de Belén,en el Encuentro Nacional de Mujeres, y presionando para que se discuta y que pase el recinto. En la década pasada nunca se discutió en ninguna de las tres comisiones en las que se tiene que discutir.
Es una coyuntura difícil pero también vemos muy positivo el proceso de movilización del movimiento de mujeres.

¿Creen que el caso Belén puede marcar un antecedente para que, desde el Poder Legislativo, vean la necesidad de discutir el Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo? ¿Conocen otros casos como el de Belén?

Julia: Existe fuerza en el movimiento popular, pero también veo la fuerza que tiene el congreso de frenar derechos que son civiles, constitucionales, es un freno importante. Hay que destacar la heterogeneidad que hay en la campaña, el caso de Belén fue llevado adelante a partir de una mesa por la libertad de Belén. La campaña también tuvo mucho protagonismo, pero no salió de su seno, sino de otro espacio de organizaciones. Esto puede ser positivo para que otras organizaciones que no están en la campaña, que no siguen la agenda del aborto legal, empiecen a tomar la interrupción del embarazo como una lucha más.

María Julia: El caso de Belén hizo traer otra vez el tema del aborto, hubo otras Belén, a este caso se le dio difusión. Nuestra prioridad es estar permanentemente en la calle, tratando de visibilizar y de exigir la legalización del aborto. Creemos que va a salir por ahí, con una gran presión popular y denunciando lo que está pasando y también acompañando a mujeres para exigir que se practique el aborto punible, en casos que es legal.

¿Cómo analizan el rol que tuvieron los medios de comunicación con el caso Belén?

Julia: Desde la campaña, desde este espacio de la mesa por la libertad de Belén, y las compañeras que estuvieron al frente de la difusión, se tomaron la tarea de hacer un tweetazo, de generar la consigna, el hashtag libertad para Belén y anulación de la condena. Esto da cuenta que se necesita al cerco mediático. Por otro lado, siempre existe la manipulación de estos temas por los grandes medios al enmarcarlos en la irresponsabilidad de las mujeres al tener relaciones sexuales, a la mujer asesina del hijo, siguen estando porque los medios tienen que cambiar un poco el lenguaje para que sea más comprable la noticia.

La política de prensa por la lucha de la libertad para Belén fue algo importante como para contraponer, para saltar las barreras que tenemos las organizaciones del sector militante, para que se enteren otras personas. Los medios nacionales, empresariales y hegemónicos no sorprenden, pero los medios comunitarios, alternativos y populares, son centrales en la difusión.

En el primer artículo del proyecto se habla del derecho de “toda mujer”, mientras que en el artículo 10 se abre al derecho de “toda persona con capacidad gestante”.

¿Qué postura toma la Campaña respecto al derecho al aborto a toda persona con capacidad gestante? ¿Qué implicancia tiene hablar el derecho de TODA MUJER?

María Julia: Fue toda una discusión en la campaña, si tenía que estar en el primer artículo "que toda persona capaz de gestar" tiene el derecho o tenía que estar dirigido, por lo común y cotidiano, a que sea "toda mujer” tiene derecho.Fue una discusión porque lo que se planteaba era qué es un tema que afecta en su mayoría a la mujer, y en las condiciones que está este proyecto, que cuesta hasta que se discuta, se llevó a plantear los artículos de esta forma.

Julia: Fue una conclusión mayoritaria, porque al ser la campaña heterogénea, hay desacuerdos y disputas dentro, ganó esa posición, que no tiene muy en cuenta una agenda más disidente de otro tipo de identidades porque no es una fantasía decir que hay varones trans que quedan embarazados, sino que es la realidad. En la ley vos tenes que poner todo lo que haya, pero es un gran paso que esté en alguno de los artículos, aunque no en el primero.

Lo positivo de la campaña es que tiene once años de existencia, no hay otros movimientos tan heterogéneos que sigan existiendo, con nuestras diferencias y con la autonomía que tiene cada región. Hay un objetivo que nos unifica que es la exigencia a la despenalización y legalización del aborto. Hay sectores y periodistas que siempre hablan del proyecto como despenalización. Nosotrxs no queremos que las mujeres vayan presas, pero lo que queremos es que toda mujer que quiera interrumpir un embarazo, lo pueda hacer en un hospital público y que lo cubran las mutuales.

María Julia: Es difícil a veces priorizar cual tiene que ser la estrategia por la coyuntura porque hay distintos partidos políticos, hay macristas, radicales, kirchneristas, marxistas, independientes, sindicatos, pero lo que reivindicamos es que siga existiendo y que cada vez se sumen más grupos. Por mi parte me parece re positivo crear estos espacios, que no se los adueñe nadie, son construcciones colectivas.

¿Cómo evalúan el rol de las Consejerías? ¿Qué implica militar desde el derecho a la información? 

María Julia: A nosotras nos parece una estrategia a corto plazo por una necesidad vital que tenemos las mujeres. A veces la campaña también ocupa un rol que debería ocupar el Estado, nosotras todos los 28 vamos los hospitales a informar los derechos de las mujeres cosa que debería hacer el Estado.

Al Estado, al ministerio, al gobierno, nosotras le exigimos, pero mientras tanto ¿qué?, le exigimos mínimamente que pongan afiches para que diga que hoy una mujer violada puede pedir hacerse un aborto. Entonces, nos parece muy positivo el rol de las consejerías, en particular creo que, a las consejerías, y no lo digo yo, está escrito, las tiene que poner el Estado, en todos los hospitales públicos, no en los amigables o como los llaman ellxs. A veces el socorrismo y nosotras como campaña suplantamos al Estado por una omisión del mismo.

Julia: una omisión que es súper política, la desinformación que hay es muy grande, desde que las pibas van a la farmacia a pedir la pastilla del día después y se la niega la farmacéutica, esas cosas si no las pones en crisis crees que es así, porque hay un poder de esa profesional de la salud, que está en el hospital, que es una construcción de poder en la cual lo que se impone es “si yo que estudié tantos años te estoy diciendo que no: es no”, entonces la cantidad de mujeres que no llega ni siquiera al hospital para pedir un derecho es un número muy alto.

Nosotras nos debemos todavía, que ya lo estamos viendo, talleres en las escuelas, porque también a veces exigirle tanto al Estado es una pérdida de tiempo, porque es muy fuerte la negativa, así que mientras seguimos con la exigencia nos vamos metiendo donde podemos, aprovechando las oportunidades, compañeras que son docentes, por ejemplo, cumplen ese rol de informar. Incluso en la militancia muchas veces hay muy poca información, porque es muy fuerte la tradición católica opresiva que hay.

Maria Julia: La campaña ve esta necesidad de informar y por eso armamos distintas redes, una que es la de profesionales por el derecho a decidir que está integrada por  medicxs, trabajadorxs sociales, psicologxs que se encontraban en los hospitales y veían todas las complicaciones que pasaba una mujer cuando iba por una interrupcion legal  embarazo.

Nosotras apelamos a algunas estrategias en el mientras tanto, pero queda claro que la mayor responsabilidad la tiene el Estado.Para nosotras todos los abortos son no punibles porque si consideramos que la salud abarca la parte emotiva, emocional, psicológica, todo aborto es no punible. Y ante eso también tenemos que exigir y defender.

Hubo un fallo muy importante hace poco de una abogada de la campaña, Nina Brugo, un aborto no punible de una mujer víctima de violencia, uno de los pocos casos que la mujer decide interrumpir su embarazo producto de una situación de violación y víctima de violencia de su pareja, y estaban procesadas las médicas por haber hecho el aborto y fueron absueltas.

Por este motivo entendemos la importancia de las estrategias, porque hay mucha resistencia, en algunos hospitales, por ejemplo, el de Gonnet, si vos vas con un problema traumatológico te anotan en un libro de entrada, en cambio a una mujer con un pedido de una interrupción legal del embarazo, no la anotan, no figura. Tampoco hay una atención post aborto hay un abandono, no hay seguimiento.

Por eso es seguir exigiendo, denunciando, no permitir que pase nada, por ejemplo cuando sacaron el protocolo de la página web del Ministerio de Salud La Nación, inmediatamente el movimiento feminista lo denunció y tuvieron que volver a ponerlo, o en Morón cuando pusieron un cartel que decía que si una mujer llegaba con un presunto aborto había que denunciar a la policía, inmediatamente ahí la red de profesionales por el derecho a decidir de la campaña sacaron un comunicado y lo tuvieron que sacar, siempre hay que estar alerta y seguir movilizadas.

¿De cara al encuentro de mujeres como se prepara la campaña?  

Julia: La idea es seguir difundiendo todas estas redes de profesionales y difundir el laburo que se está haciendo que es bastante importante, también sumar más adherentes.

María Julia: Nos parece muy importante el encuentro y lo que se genera, es ahí donde se empiezan a formar otros grupos, la campaña sale de los encuentros, el proyecto sale de los encuentros, es muy importante para nosotras, nos encontramos con compañeras de todo el país y de otros países que luchan también por el derecho al aborto.

Más allá de que todavía no se ha logrado el derecho al aborto legal seguro y gratuito, ¿cuáles creen que son los grandes logros de la campaña?     

Maria Julia: Yo creo que la campaña y la lucha de todas las mujeres han servido para visibilizar el tema del derecho al aborto, ya no es un tabú. Creemos que socialmente está instalado, lo vemos en nuestras salidas a la calle. No entramos en discusión con la gente sobre si hay vida o no hay vida, entendemos que el aborto es una realidad, cuando vos planteas que se hacen 500 mil abortos por año, ya no discutimos si eso está bien o está mal, sino que discutimos que ante eso tenemos que hacer algo, porque si no el resto es muerte.

Julia: Al mismo tiempo el empoderamiento de cada mujer, es lo que se necesita. Que nosotras mismas estemos peleando por este derecho que es totalmente humano.

El cuerpo de la mujer sigue apareciendo como un espacio de la iglesia y del Estado, nosotras decimos que las mujeres que mueren por aborto son femicidios del Estado, y hay que decirlo así, porque la “exageración”, la “radicalidad”, es lo que a nosotras nos ayuda a plantarnos frente a un Estado que tiene políticas misóginas y de abandono, a las mujeres y sobre todo a las mujeres pobres.

La agenda feminista no tiene que bajar la guardia con estas cuestiones, los gobiernos no van a ponerlo en agenda.

Maria Julia: Cuando decimos yo decido sobre mi cuerpo, es clave para la emancipación de la mujer. Yo aborté y la imagen que tengo de mi último aborto es un médico que estaba jugando a los jueguitos en una computadora, me duerme una mujer y cuando me despierto el médico seguía jugando a los jueguitos, es decir el desprecio hacia la mujer es muy fuerte.

También me parece importante llenar todo de testimonios, porque hablamos de 500 mil abortos por año, son los registrados, en esta clandestinidad, de los que llegan a los hospitales porque no están terminados, imagínate que es una cifra relativa. Los testimonios ponen en claro lo que nos pasa en esos momentos, esa soledad que tenemos, la incertidumbre, el miedo en un lugar que estamos clandestinas, y queda en un número, no es un número es la realidad.

jueves, 22 de septiembre de 2016

“No queremos que esto caiga, son muchos años de lucha y hay que sostenerlo”




Así lo expresa la obrera de Fa.Sin.Pat, quien hoy junto a muchxs de sus compañerxs se encuentra en la lucha por mantener la fábrica en pie. Obreras documental, charló nuevamente con Gloria Godoy para que comente la situación actual de la fábrica. Por Obreras – Documental.  

Hay un reclamo en Fa.Sin.Pat que sigue en pie desde el primer momento: créditos para la renovación tecnológica. La tecnología que tiene la fábrica jamás fue renovada, debido a que para ello es necesario un monto muy elevado para los que se requiere préstamos estatales. A lo largo de los años lxs obrerxs pudieron mantenerse en pie desarmando máquinas para sacar repuestos y así arreglar otras.

Hoy la gestión obrera está a punto de cumplir 15 años “y desde hace 15 años venimos haciendo un gran esfuerzo para mantener la fábrica abierta”. La cerámica ex Zanón, ubicada en Neuquén se declaró en quiebra tras la crisis de 2001 cuando su propietario en ese momento, Luis Zanón, “vació” la fábrica dejando a sus trabajadorxs en la calle. Estas condiciones sumadas a las particularidades políticas y culturales de la provincia dieron lugar a un escenario propicio para que se desarrolle la lucha de lxs obrerxs por la recuperación de sus fuentes de trabajo.

Ya en 2002, Zanón vuelve a abrir sus puertas, pero esta vez, bajo control obrero. Después de una intensa lucha se encendieron los cuatro hornos y se reactivaron las máquinas, Así se convirtió en la Cooperativa de Trabajo Fa.Sin.Pat (sigla de Fábrica Sin Patrones) que 10 años después lograría la expropiación definitiva. Esta fábrica bajo control obrero se convirtió en una experiencia modelo en relación a la adopción de la organización del trabajo sin patrones, la articulación con las organizaciones e instituciones locales y los posicionamientos políticos públicos en temas de interés general.

Han sido muchas las promesas de parte del gobierno provincial y nacional, pero nula o escasa las respuestas “nunca nos permitieron acceder a un crédito para renovar la maquinaria, nos llenaron de promesas con los créditos del Bicentenario pero nunca tuvimos acceso a eso”, cuenta Gloria. Más aún, desde el gobierno provincial, a manos del MPN, se les prometió comprar cerámicos para hacer obra pública, jardines de infantes, escuelas, hasta el día de la fecha se han aportado escasos recursos que no alcanzan siquiera para cubrir los sueldos de lxs trabajadorxs.   

Hoy en día le situación es crítica, a la renovación tecnológica se le suma la crisis económica y social “el problema más grande, es que con todo el problema que hay a nivel nacional, con los despidos, la gente no compra, además, paró la producción y se abrieron las importaciones, entonces está entrando cerámico de otros países y a nosotros no nos compran”, explica Gloria. Y como si todo esto fuera poco a Fa.Sin.Pat le llegó una boleta de gas de 8 millones de pesos, una tarifa impagable para la gestión obrera.

Toda esta situación ha llevado a que muchos obrerxs se vean obligadxs a dejar la Fa.Sin.Pat, “quedamos 160 obreros nomás en la fábrica”, cuenta Gloria agregando además que mucho de esto se debe a los bajos salarios que están percibiendo, “a veces nos damos mil pesos por semana, esta semana, fueron 400 pesos, con lo que eso significa porque esta es la tierra de Vaca Muerta y acá los alquileres están por la nubes porque piensan que todos somos petroleros”.

Pero como la historia lo ha demostrado, lejos de quedarse con las manos cruzadas, lxs obrerxs decidieron salir nuevamente a las calles para defender los puestos de trabajo: “Nuestro reclamo es siempre el mismo: la defensa de los puestos de trabajo, lxs obreros de Zanón y nuestras familias hemos hecho muchos sacrificios para mantener esta fábrica abierta y al servicio de la comunidad por eso entendemos que es el derecho que nos corresponden para poder seguir trabajando. No queremos ver más familias en la calle por falta de trabajo”, enfatiza Gloria.

Además, están impulsando un fondo de huelga en el cual cualquier colaboración es una gran ayuda. Quien quiera aportar puede hacerlo a través de la cuenta corriente Banco Credicoop sucursal 093 cta. Nª 230449- Cbu 1910093355109302304499.

El pedido que realizan lxs obrerxs es cada vez que realicen un depósito se debe enviar un mail (zanonfondosolidario@gmail.com) informando del mismo e indicando la persona u organización que lo realiza, el monto y la actividad de la que surge, para poder llevar un control e informar en las asambleas de la fábrica o ante cualquier consulta y así garantizar la transparencia y el origen del dinero. Asimismo si en alguna colecta de fondos o actividad se reúnen fondos por más de U$S 2.000 se pide que se realice el depósito de manera fraccionada (sin superar dicho monto) ya que es un tope impuesto por resoluciones del Banco Central de la República Argentina.

“Agradeceríamos que la gente si puede colaborar aunque sea con lo mínimo, pero no queremos que esto caiga, esta gestión obrera que nos costó tanto, hemos luchado tanto. En un principio esto era una utopía el poder gestionar una fábrica, bueno ahora no queremos que eso muera, que caiga porque son muchos años de lucha y de sacrificio y hay que sostenerlo”, sostiene Gloria.

Más aún, como hace años, volverán los históricos recitales en la fábrica. El 8 de octubre Todos Tus Muertos hará un recital en Zanón. También, algunas de las obreras se organizaron y como todos los años, estarán viajando a Rosario al Encuentro Nacional de Mujeres. Allí también se estará proyectando el documental “OBRERAS – Sin las mujeres la lucha va por la mitad” el sábado 8 a las 19.30 horas en la Facultad de Ciencias Económicas.

Y a pesar de la lucha cuesta arriba, esta gestión obrera no piensa dejarla caer, por el compromiso que han mostrado en su historia. “Yo tengo confianza, tengo fe de que podemos salir, yo también la viví cuando recién empezó todo esto, cuando estuvo la Comisión de Mujeres y ahí estábamos también mal y le estamos poniendo todo lo que podemos, le estamos poniendo mucho y queremos que todo esto salga adelante. No queremos que caiga, no queremos quedarnos en la calle”.

Contacto: Facebook OBRERAS - Documental

https://www.facebook.com/obrerasdocumental/?fref=ts


lunes, 19 de septiembre de 2016

Nunca digas nunca

Por RNMA

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A López lo desaparecieron hace 40 años por primera vez, pero luego de tres años de cautiverio ilegal lo liberaron. La segunda vez que desapareció fue hace diez años y nunca más se supo de él. Si no fuera por la lucha de las organizaciones populares, sociales y políticas, de derechos humanos, por los medios alternativos, su figura no estaría presente en nuestro cotidiano.
En palabras de Nilda Eloy, sobreviviente de la última dictadura y compañera de López durante su cautiverio así como en el juicio se podría decir que López desapareció cuatro veces, la primera en dictadura, la segunda en democracia, la tercera de los medios y la cuarta del expediente judicial. Hoy, a diez años de su segunda desaparición, se lucha por la aparición con vida pero también porque no desaparezca por tercera vez, como dice Eloy, y que Jorge Julio López esté en nuestra memoria. Y se dice por tercera vez porque después de su segunda desaparición existió otra, que es la de los medios, los hegemónicos, que se han encargado de no tener presente a López y su causa. Es tarea de los medios alternativos, comunitarios y populares mantener viva la lucha, que es también suya.

Programa especial de la RNMA a 10 años de la segunda desaparición de Julio Jorge López
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La paradoja es que hay que memorizar a un hombre que se podría comparar con la del personaje novelesco de Borges, Funes el memorioso. Pues fue López quien después de treinta años de haber sido secuestrado se sentó como testigo en el primer juicio luego de la anulación de las leyes de impunidad -en el cual se lo condenó a reclusión perpetua al represor Miguel Etchecolatz–y con una valentía enorme rememoró con lujo de detalles el siniestro cautiverio de él y muchxs compañerxs desaparecidxs por la última dictadura cívico-militar. Como bien dijo Rozanski -juez integrante del tribunal que condenó a Etchecolatz- en una entrevista que dio para el documental “Un claro día de justicia” la rememoración de López “la tienen los chicos que no han desarrollado la posibilidad de un pensamiento abstracto, entonces, por lo concreto lo que dicen es lo que pasó y la tienen las personas, y esto es una apreciación muy personal, que vivieron situaciones tan traumáticas, han viajado tan lejos en el dolor que no están comprendidos por la especulación, no pueden especular, tienen ese mandato de decir todo lo que paso y no solo respecto de ellos, todo lo que les paso a los otros”.

VIDEO:
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Ahora a la apuesta por no perder de la memoria a López, se le suma el derrotero de demostrar el repudio a la concesión del arresto domiciliario a Etchecolatz porque a Julio López lo desaparecieron pero el que volvió a aparecer, por lo menos en los medios, las últimas semanas es el ex comisario. Etchecolatz, quien fuera Director de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura y mano derecha del ex general Ramón Camps, quien acondiciono a la policía para llevar adelante el terrorismo de estado fue beneficiado con la condición de arresto domiciliario, pero que no puede cumplir por estar condenado a cuatro reclusiones perpetuas por delitos de lesa humanidad y genocidio durante la última dictadura cívico militar.
Fue el mismo Etchecolatz, el que organizó los comandos y grupos de tareas encargados de secuestrar y torturar a los trabajadores y estudiantes en el denominado Circuito Camps, cuya conformación estaba integrada por 29 centros clandestinos de detención, distribuidos en 9 partidos de la provincia. En 1985, Etchecolatz fue condenado a 23 años de cárcel. Gracias al beneficio de la ley de Obediencia Debida quedó libre, pero en el 2006 se derogó la ley y los indultos y volvió a ser condenado a reclusión perpetua.
A todo esto, Adolfo Casabal Elias, abogado de Etchecolatz durante el juicio de 2006 alegó que: “Han pasado treinta años desde la guerra contra la subversión marxista, nadie quiere seguir adelante hurgando este tipo de cosas salvo un pequeño grupo, y hay otro pequeño grupo que se defiende pero se defiende con sus pocas armas ¿Dónde está la peligrosidad de Miguel Ángel Etchecolatz a esta edad de su vida? ¿Dónde está la peligrosidad? ¿Qué hecho puede hacerle ver al tribunal que puede haber alguna peligrosidad en la personalidad de Etchecolatz?”

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Uno de los comandos organizados durante su función en la policía bonaerense fue la que tuvo por víctimas a los estudiantes secundarios en la “Noche de los Lápices”. Justamente fue con uno de estos jóvenes con quien Julio López compartió cautiverio en el pozo de Arana: Francisco López Muntaner, quien había sido secuestrado junto a nueve compañeros estudiantes secundarios un mes y once días antes que López.
En uno de sus juicos Etchecolatz pronunció unas palabras antes de escuchar el veredicto: “No es este tribunal el que me condena. Son ustedes los que se condenan”. ¿Se habrá referido a la perpetua condena de la segunda desaparición de López? Porque esa sí que fue una condena para el pueblo argentino.
Como ya mucha información se dio y existe sobre el macabro prontuario de Etchecolatz, es necesario tener presente a López. Hay que pensar que algunas de las casas de La Plata y alrededores fueron hechas por Jorge Julio López durante sus cuarenta y largos años de trabajo de albañilería. Hoy, cuando la causa judicial de López tiene la caratula de presunta desaparición forzada es necesario volver a leer las palabras que escribió un periodista hace algunos años. En su afán por aportar a lo que organizaciones sociales, políticas, de derechos humanos, artistas y gente de la cuidad hizo porque no desaparezca López, Miguel Graziano, realizó una investigación devenida en libro, “En el cielo nos vemos”, en cuyas páginas puede leerse un poco de la historia de López.
“Jorge Julio López nació el 25 de noviembre de 1929 en General Villegas, en el extremo noroeste de la provincia de buenos aires, donde vivió hasta los 8 años, cuando sus padres se mudaron a una pequeña chacra que alquilaron en el campo.
Su padre, Eduardo López, era nativo y su madre, Consuelo Rodríguez, una inmigrante española que llego a la argentina en barco con una familia que la crió como si fuera hija natural.

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Le toco ser el mayor de siete hermanos, Margarita, Pirucha, Porota, Olga, Niní y Eduardo -19 años menor- y empezó a trabajar cuando era muy chico en el tambo de su papá, al que todos los niños de la casa trataban de usted.
Como muchos chicos pobres del interior de la provincia de buenos aires a principios de siglo XX, fue al colegio hasta sexto grado. Cuando recién se mudaron al campo, caminaba con margarita por más de una hora, unos cinco kilómetros, hasta la escuela Nª 3, aunque después se cambiaron a la escuela Nª1, que les quedaba mucho mas cerca.
Pasaba el día en el campo, donde criaban animales, y acompañaba al padre a Villegas a vender la leche recién ordeñada. A la mañana ordenaba los tarros y hacía la manteca que su papa vendía en el pueblo.
Era el favorito de Eduardo, un hombre de una figura imponente que lo dejaba subir a “el Argentino”, un carro de madera del que toda la familia estaba orgullosa, siempre lustrado para que se pudieran apreciar el retrato de Carlos Gardel, y sus fileteados.
Don Eduardo, que había sido radical, fue el primer peronista en la familia.
A finales de los años cuarenta, López hizo el Servicio Militar Obligatorio en San Martín de los Andes, en la provincia del Neuquén. Siempre recordaba con mucho orgullo haber formado parte de un grupo de elite. Lo habían seleccionado porque era particularmente fuerte, decía.
Contaba que había entrenado en la nieve, y que había sobrevivido en túneles.

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Cuando terminó la conscripción su papa ya había vendido el reparto y se habían mudado a Elordi, un pueblo ubicado a 15 kilómetros de Villegas. Apenas una estación de ferrocarril, una calle principal, un almacén de ramos generales había una gran sequía y el campo vivía un éxodo de sus vecinos. Muchos empleados rurales que se quejaban sin trabajo emigraban a las grandes ciudades. Don Eduardo dejo el trabajo en el campo y empezó a cuidar casas. El joven López se mudó a las afueras de la plata.
La familia Tedoldi, que había dejado Villegas algunos años antes, lo recibió en su casa de Los Hornos. El recién llegado empezó a trabajar en la zona de las quintas. Al poco tiempo, se convirtió en albañil, oficio que había aprendido de su primer patrón, dueño de una empresa que había remodelaciones. Trabajo toda la vida en la misma constructora. Aunque lloviera, aunque tronara, López iba a su trabajo.
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En la casa de los Tedoldi conoció a Irene Savegnago. Él tenía 29 años y ella 30. Después de casi cuatro años de noviazgo, se casaron el 23 de agosto de 1962. Había dejado atrás a una familia numerosa, pero se había encontrado con otra. Irene tenía cinco hermanos. Ella dejo el trabajo en las quintas y empezó a cocer y tejer a mano por encargo. Las clientas le llevaban las revistas de la época con los modelos que estaban de moda y ella les hacia la ropa. Ganaba dinero y se entretenía.
Compraron una pequeña casa en 140 y 69. Apenas tenían vecinos. Los fines de semana López hacían changas, arreglaba o ampliaba su propia casa. Se entusiasmaba en los corsos de la avenida 137, donde aplaudió a Juan D’Arienzo, la orquesta preferida de sus padres.
Tuvieron dos hijos: Rubén y Gustavo. De vez en cuando, porque era muy caro y se trataba de un viaje largo, los cuatro subían al tren hasta Once y luego hacían combinación en Lincoln para llegar a Villegas y poder estar unos días con consuelo y Eduardo.
López era tranquilo, callado, un poco cerrado, introspectivo. Le gustaba cuidar de su jardín y tenía una pequeña huerta. Mezclaba rosas y malvones con tomates, orégano lechuga y acelga. Construía sus propias macetas cuadradas con pedazos de tejas. También le gustaban los frutales. Tenía un limonero, ciruelos, higos y una parra. En el fondo de la casa mantenía, además, un gallinero.

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A los 43 años empezó a ir a la Unidad Básica, pero a su familia no le contaba de las discusiones de las que participaba. Mucho menos de las tereas de investigación que le mandaban a hacer, aprovechando sus habilidades como albañil. Eso sí, los fines de semana llevaba a sus hijos a jugar en los campeonatos que organizaba con los jóvenes militantes, para la diversión de todo el barrio.
Siempre le dedicó un poco de su tiempo al contacto con la tierra de su jardín y, dos o tres años antes de jubilarse, sus patrones le encargaron el cuidado de una plantación de kiwi en Ignacio Correa, a 20 kilómetros de La Plata. Decía que era parecido a cuidar un parral.
Después, fue desaparecido y estuvo detenido a disposición del poder ejecutivo nacional. Apenas lo largaron, comenzó a reconstruir su historia, en silencio, hasta que, por fin, pudo hablar sobre sus recuerdos de la muerte.”

VIDEO:

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Los jóvenes que instalaron la Unidad Básica en la que militó López nacieron después de la proscripción que el peronismo sufrió desde 1955; crecieron en un país en el que estaba prohibido nombrar a Evita y a Perón; unos chicos apenas mas grandes que ellos habían hecho el Cordobazo unos años antes. Ya existían Montoneros, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

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Estaban en plena adolescencia cuando Héctor Cámpora asumió el poder el 25 de mayo de 1973, liberaba a los presos políticos, reanudaba las relaciones diplomáticas con Cuba, promovía un aumento de salarios y prometía una política nacionalista, estatista y distribucioncita. Mas aún: tenían que elegir entre ser testigos o protagonistas del regreso de Perón.
Eran diez muchachos de barrio pasaban de los actos de protesta de la izquierda a los actos de esperanza peronista. Estaban dejando la secundaria o empezando la facultad pero, en lugar de sumarse a las agrupaciones estudiantiles que había en la cuidad, decidieron crear un espacio propio desde donde ser partícipes de la liberación nacional.
Tenían entre 14 y 23 años cuando empezaron a cambiar los bailes por las pintadas nocturnas y los primeros besos en las plazas del casco urbano por las manifestaciones multitudinarias. Pronto estuvieron convencidos de que Perón iba a poner fin a la explotación del hombre por el hombre y de que la oligarquía y el imperialismo iban a ser puestos en la vereda con la construcción de una patria libre, justa y soberana.

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La agrupación no tenía nombre ni sede, pero ellos estaban decididos. El gallego Juan Carlos, de las FAR, ponía el dinero para pagar un alquiler. Con la garantía propietaria de su mamá, Claudio salió con Pastor a buscar un lugar en el que podría funcionar su Unidad Básica. Después de recorrer la zona del cementerio y la 72, se fueron para Los Hornos. El 18 de junio de 1973 encontraron un local a estrenar en 66 y 140 al lado de una cerrajería.
Bautizaron la Unidad Básica con el nombre de Juan Pablo Maestre, un militante de las FAR asesinado en 1971. Maestre y su pareja, Mirta Misetich, fueron secuestrados el 13 de julio de 1971. Gobernaba Lanusse. A él lo mataron el mismo día. Ella permanece desaparecida. Fue la primera operación en la que se recurrió a la metodología de terrorismo de Estado que la dictadura habría de utilizar sistemáticamente a partir de 1976, incluyendo la zona liberada.
Aquella misma noche en la que inauguraron su local, felices, salieron a pegar afiches de la Juventud Peronista (JP) y, casi sin dormir, volvieron al otro día con un tocadiscos en el que Hugo del Carril se cansó de cantar la marcha peronista. Tenían una alegría y un entusiasmo tremendos. Tanto que, sin tener cómo ir, comenzaron a invitar al barrio a movilizar a Ezeiza, apenas 24 horas después, para ir a recibir a Perón.

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No eran la única Unidad Básica en Los Hornos. La Evita, que los jóvenes militantes consideraban aliada, estaba en la 153, cerca de la fábrica de envasados Ripoll. Había otras dos: una en la 137 y la otra sobre la 66, a la altura de la ciento cuarenta y pico. Estaba a cargo de un tal Pulky Álvarez, enemigo declarado de la Tendencia Revolucionaria, a la que pertenecían las FAR, que pocos días antes se había fusionado con Montoneros.
El 20 de junio de 1973, al regresar perón al país, los 21 militantes y vecinos que habían salido de Los Hornos en un colectivo de la línea 506 quedaron en medio de la emboscada con la que la derecha peronista, desde el palco de honor, le puso límites a la avanzada de la izquierda. Fue la masacre de Ezeiza. Hubo 13 muertos y 356 heridos. Las balas silbaron por encima de la cabeza de los platenses.
El debut no podría haber sido peor: para el barrio, eran los que habían llevado a la gente a la matanza. Sin embargo, a los pocos días, varios vecinos de Los Hornos estaban ahí, en acción política.
La avenida 66 era de una sola mano y la única asfaltada. La 141 tenía solo dos cuadras con mejorado y el resto de las calles eran de tierra. La manzana en donde instalaron la Unidad Básica estaba casi toda poblada. Para el lado de la 60, la mayoría de los terrenos estaban ocupados con casas terminadas. Para el otro lado había mas baldíos, las casas eran mas modestas y algunas estaban sin terminar.
Una semana después de la inauguración, un albañil misionero que vivía con su hermana en una casa de madera de 68 y 142 les ofreció un espacio en una habitación que daba al frente. En apenas unos días, se instalaron en esa esquina de dos calles de tierra, más cercana al interior del barrio, lo que permitía a los vecinos pasar por el lugar mas de “entrecasa”, mientras que para ir a la de 66 tenían que ponerse “paquetes”.
En aquella Unidad Básica fue que se presentó López, que vivía en 140 y 69, delante de una quinta que ocupaba dos manzanas. Tenía 43 años.

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Los vecinos no elegían su participación por la identificación con las diferentes internas peronistas, sino por la cercanía que tenían de los locales. Así de sencillo fue como López eligió sumarse a la Juan Pablo Maestre.
El grupo fundacional adhería conscientemente y voluntariamente a la Juventud Peronista de las Regionales, que era conducida por las organizaciones político-militares FAR y Montoneros. En las marchas levantaban sus banderas, el local, estaba lleno de sus afiches y en sus discursos los militantes más conocidos eran reivindicados como “compañeros”. Sin embargo, López, que era un hombre parco, debutó ante el grupo diciendo: “Esos que gritan ‘Perón y Evita, Partido Socialista’ no son peronistas”. Así fue como los chicos lo apodaron “Partido Socialista”.
Pese a la matanza, eran muchas las expectativas que generaba el regreso de Perón para los viejos peronistas como él, que no tenía ni teorías ni hacía análisis, sino que llevaba en las tripas hacia donde tenía que ir y cuáles eran sus enemigos.
Como López, muchos esperaban que el peronismo recuperara la argentina de la prosperidad. Y, aun con los errores que podían tener acompañaban a los jóvenes militantes que, con su generosidad, terminaban por contagiarles un compromiso que no se agotó con la asunción de perón a la presidencia, el 23 de septiembre de 1973, y tampoco con su muerte, el 1 de julio de 1974.
La unidad básica era inclusiva. En todo caso, eran los vecinos los que debían advertir que no estaban ideológicamente de acuerdo con los jóvenes que mantenían el lugar en plena actividad. Así como “Partido Socialista”, todos eran bienvenidos, incluso Manno, un viejo italiano que añoraba su juventud mussolineana y quería convertir el lugar en un “club d’il Lavoro” fascista.
Con el tiempo, los vecinos que no se sentían identificados con las consignas de los jóvenes se alejaban. Con las limitaciones de alguien que trabaja y tiene que mantener a su familia, López se quedó en la Maestre.
Estaba admirado de las decisiones que tomaban los jóvenes, en especial las mujeres, a las que llegó a considerar como “chicas de oro”. A López lo conmovía el trabajo militante, que las pibas llevaran a los nenes del barrio a Mar del Plata –a conocer el mar-, que fueran a la universidad en bicicleta para ahorrar una moneda que invertían en darle algo a los que mas necesitaban, la copa de leche.
Como muchos otros vecinos, advertía que aquellos jóvenes eran sinceros y sacrificados, que se jugaban enteros por sus ideas querían algo mejor para el pueblo.
La Unidad Básica era el corazón del barrio, el lugar de paso. Se podía consultar a un abogado, ver al médico, plantear problemas personales o, simplemente, pasar el día. Los militantes los recibían a todos y todos los días había gente reuniéndose, había actividades para los jóvenes, para los viejos, para los trabajadores, para los desocupados, para las mujeres y para los chicos, sobre todo para los chicos.

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Pronto, López fue el tipo que en el barrio iba siempre a dar una mano. Aunque nunca participó de una manifestación, colaboraba con lo suyo. Los domingos, que era su único día libre, llevaba a sus hijos a jugar al futbol infantil y los entusiasmaba con las carreras de embolsados que organizaba Enrique, un muchacho que andaba en sillas de ruedas y cuya militancia se limitaba estrictamente a lo deportivo, aunque su equipo, que se llamaba Estudiantes de Los Hornos, recorriera las diagonales cantando: “¡Maestre, Maestre; Perón, Perón o muerte!”.
Cuando la situación se puso más difícil y aparecieron la Concentración Universitaria Nacional (CNU), de ultraderecha, y la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como “Las tres A” o “La triple A”, participar se fue haciendo más difícil, peo López fue asumiendo una postura más cercana a Montoneros y se sumó a algunas actividades que en aquellos años podían ser muy peligrosas, como las actividades reivindicativas y propagandísticas. Empezó a considerarse un colaborador de Montoneros.”
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Organismos y organizaciones que integran la Multisectorial La Plata, Berisso y Ensenada convocan para el 18 de septiembre a una movilización desde Plaza Moreno, frente al Palacio Municipal, donde hace 10 años se realizó el juicio al genocida Osvaldo Etchecolatz.


jueves, 25 de agosto de 2016

Dar batalla hasta que se caiga el universo




García Linera, vicepresidente del Estado plurinacional de Bolivia, hoy visitó nuestra ciudad en el marco del III Foro Latinoamericano de Trabajo Social. El estadio Atenas explotaba desde temprano. Cada unx, fuimos acercándonos con el termo y el mate para buscar un lugar y poder escucharlo.

Al evento concurrieron diversas organizaciones sociales y agrupaciones estudiantiles, cánticos de múltiples colores gritaban por “La Patria Grande de América Latina”. Luego de dos bailes típicos bolivianos y del protocolo universitario de presentación y agradecimiento se leyó una carta que Milagros Salas envió al foro, agradecida por el apoyo y denunciando la injusticia de su arresto junto a 11 compañerxs de su organización. Minutos después, luego de que se le entregara un obsequio realizado por un artesano local, García Linera se paró y comenzó a hablarnos.

En esos momentos pareciera que no alcanzan las manos para poder anotar algunas frases que te querés llevar, que querés leérselas a otrx compañerx, que querés compartir; algunas de ellas te hacen un nudo en la panza y te emocionan. Son palabras que te llenan de ganas, de esperanzas y que afirman el por qué estás donde estás.

Tan claro como su pensamiento, García Linera comenzó hablando de la desigualdad. La definió como “el índice de injusticia y dolor que tiene una sociedad”, recordó cifras de las desigualdades en nuestro continente durante los años neoliberales y mencionó el crecimiento económico y desarrollo humano que lograron en Bolivia junto a Evo.

Como era de esperar reflexionó sobre el duro momento que vive América Latina, retrocesos y estancamientos con la derecha al poder. Frente a ello comenzó diciendo: “pensar que todo lo resuelve el Estado, abandonando la sociedad civil, puede llevar más temprano que tarde a que la derecha se reconstituya."  Además, sostuvo que “ninguna sociedad puede cambiar la dominación sino hay autoconocimiento social, hay dominación porque se naturaliza la injusticia”.

No faltó su reflexión político marxista, firme y convincente aseguró: “no puede haber victoria política si previamente no ha habido una victoria simbólica”, agregando “vivimos en tiempos donde cobra importancia la lucha cultural, la lucha de las ideas”, y si nada de eso era suficiente sintetizó “vivimos tiempos gramscianos de batalla cultural y de ideas. Pero un debate gramsciano sin remate leninista es un homenaje a la impotencia cultural” además argumentó que "un proceso revolucionario es un constante ir y venir entre Gramsci y Lenin, Lenin y Gramsci", en ese momento estallaron los aplausos y se generalizó una inmensa sensación de esperanza.


Finalizando su discurso nos regaló dos reflexiones que erizaron la piel de más de unx: “la historia está de nuestro lado, hoy vivimos un repliegue temporal" para luego exclamar fuerte “peleen, cáiganse, levántense nuevamente, sigan peleando, peleando hasta que se caiga el universo”.

martes, 9 de agosto de 2016

“El papel viene y va, ¡pero la fábrica queda!” (y sus trabajadores también)

La comunidad, el modo comunitario de producción y de vida, es la más remota tradición de las Américas, la más americana de todas: pertenece a los primeros tiempos y a las primeras gentes, pero también pertenece a los tiempos que vienen y presiente un nuevo Nuevo Mundo. Porque nada hay menos foráneo que el socialismo en estas tierras nuestras. Foráneo es, en cambio, el capitalismo: como la viruela, como la gripe, vino de afuera.

Las tradiciones futuras (El libro de los abrazos) - Eduardo Galeano

La crisis de 2001 trajo lucha y organización. Esto se vio claramente en diferentes fábricas del país donde las personas comenzaron a organizarse para no quedar en la calle ante la ausencia del Estado y el abandono del patrón. La  ex “Papelera San Jorge”, de la ciudad de La Plata es ejemplo vivo de que una fábrica sin patrones es posible. 



El pasado siglo vino a dar cuenta de la versatilidad del capitalismo para sobrellevar las crisis que en su seno se desarrollan. Las fuerzas que con cada crisis se liberan son encauzadas en una dirección en particular, reaccionando contra los sectores más desprotegidos y contra quienes con su trabajo sostienen los cimientos del sistema. Pero, al igual que el capitalismo, quienes se ven perjudicados por aquél también logran generar alternativas para sobrellevar las situaciones límite a las cuales se enfrentan.

Este es el caso de las “fábricas recuperadas” en Argentina. Pero, ¿qué las diferencia de una fábrica convencional? En primer lugar es de destacar que la recuperación de fábricas es producto de una coyuntura particular, es decir, a partir de la generación de un conflicto socioeconómico como el vaciamiento, la descapitalización, los despidos y las suspensiones o el abandono de ciertas empresas por parte de sus dueñas y dueños. Las trabajadoras y los trabajadores se organizan para ocupar y controlar las fábricas, con el fin de mantener sus puestos de trabajo. Una alternativa colectiva a un problema colectivo.

Dicha modalidad se originó en los comienzos del siglo XXI, a raíz de las prácticas estatales y empresariales que se dieron en el país durante el último cuarto del siglo pasado. Los últimos veinticinco años del siglo XX en Argentina estuvieron marcados por la imposición del modelo neoliberal de la dictadura genocida, y por su profundización a partir del gobierno menemista.

Políticas implantadas en este período tales como una apertura comercial indiscriminada, privatizaciones, la preponderancia de las finanzas por sobre la economía real y el régimen de convertibilidad, hicieron que la industria nacional (en ese momento incapaz de competir con productos importados en términos de calidad o precio sin apoyo estatal) se viniera a pique.

Sumado a aquellas, la flexibilización y precarización de la fuerza de trabajo brindó beneficios al empresariado que se traduciría inmediatamente en pérdida de derechos para las y los trabajadores: un cóctel de miseria para quienes viven de su trabajo, que vieron reducidos sus salarios y su protección social.

Asimismo, quienes se encontraban en la desocupación, debieron reducir sus expectativas sobre los puestos de trabajo disponibles, lo que llevaría a aceptar cualquier laburo por precarias que fueran sus condiciones. De esta manera se generó un proceso de disminución de la calidad de vida del pueblo, concluyendo en el 2001 con un 21,5% de desocupación y un 54% de pobreza.

Ante esta situación, la respuesta colectiva nacería espontáneamente de las entrañas del colectivo de trabajo. Contando con la experiencia práctica del “saber hacer”, pero sin tener, en la mayoría de los casos, los conocimientos teóricos que supuestamente son necesarios para llevar adelante una organización en todas sus complejidades, se deja entrever que frente a la necesidad imperante de mantener los puestos de trabajo emergen del colectivo nuevas formas de organización del trabajo por fuera de las tradicionales.

Érase una vez una papelera...

Un caso ejemplar de este tipo de situaciones, lo vivieron los trabajadores de la  ex “Papelera San Jorge” fundada en la ciudad de La Plata durante los años ‘50. Dicha fábrica llegaría a ocupar a más de cien trabajadores en su mejor momento. Sin embargo, entrada la década del ‘90, la contracción que sufrió la economía en su conjunto llevaría a que menos de ochenta trabajadores cumplieran las labores normales de la fábrica, hasta que finalmente en el año 1999 la misma llamase a convocatoria de acreedores, declarándose posteriormente su quiebra en el 2001.

Las deudas contraídas, y los productos no vendidos por la situación económica llevarían al cierre de la fábrica por parte de su dueño, que como tal se había convertido en poseedor y de esta manera en decisor sobre el rumbo que tomaría la vida de muchos trabajadores, los cuales a su vez, tenían familias o personas a su cargo.
Estas personas que participaban del día a día en la fábrica, consideradas por sus patrones como meros empleados dentro del proceso productivo, aceptaron esta realidad con naturalidad, ya que muy probablemente sus madres y padres también fueron empleados por otras personas, en otras fábricas, por lo cual, no parece nada extraño que les toque la misma suerte.

Pero, llegado el caso, los trabajadores de la Papelera decidieron que ellos podían ser dueños de su destino...

Renacer de las cenizas

La rutina en la fábrica solía seguir un mismo ritmo: cumplir turnos, esperar órdenes, trabajar, trabajar y trabajar. El problema surgió cuando, un día cualquiera luego de haber pedaleado en la bici hasta la puerta de la fábrica, trabajaste, trabajaste y trabajaste, pero a fin de mes no apareció la pasta.

La situación económica venía de mal en peor: “¿Salir a la calle? ¡Tenías que pedir turno para cortar el Centenario[1]! Con la política neoliberal, pasamos de tener una moneda que no la conocía nadie, a ser un peso igual que un dólar. Entonces ninguna fábrica producía nada. ¿Para qué voy a fabricar? Sale más barato traerlo de afuera que mantener a los trabajadores. Compra afuera y vende (el empresario). Entonces ahí nos quedamos sin trabajo”, comenta uno de los trabajadores de la Papelera.

Los primeros signos de problemas se vieron a principios del nuevo siglo: “Primero paraba la fabricación, porque no tenía materia prima. Después el dueño pagaba la materia prima, pero no la luz, entonces cortaban la luz. Pagaba la luz, y no le pagaba a la gente. Entonces había paro… era todo una cadena”, cuenta Pedro. De esta manera, los trabajadores tuvieron que soportar entre cuatro y cinco meses sin cobrar, hasta que llegó la convocatoria de acreedores y finalmente la quiebra, punto de inflexión para la historia de la papelera. A partir de allí, los trabajadores  organizados en cooperativa, decidieron poner la fábrica a producir bajo su responsabilidad.

¿Pero por qué tomaron esa decisión? Porque perder el laburo genera consecuencias, que van más allá de la pérdida de una fuente de ingreso fundamental para las y los trabajadores. “Hay gente grande que sigue acá, que no la podés sacar, no sabe hacer otra cosa, si la mandás a la casa la enfermás”, comenta uno de los trabajadores. El lazo que se forma entre la máquina y la persona, entre la tarea y quien la realiza, es tal que romper con esa relación puede perjudicar fuertemente su salud. Trabajadoras y trabajadores adquieren su identidad en tanto desarrollen su labor: quitarles su trabajo equivale a quitarles su identidad.

Por esta razón un grupo de veintisiete trabajadores decidieron depositar su futuro en una fábrica quebrada. Pero una fábrica que era su vida. “Empezamos de a poco, los primeros pesos que entraban se distribuían y a veces no alcanzaba la semana ni para pagar el micro. Vendíamos chatarra, y luego con esa guita comprábamos comida”, recuerda Pedro.

Esto demuestra que la transición no fue sencilla, pero tampoco lo fue el cambio de conciencia. Sin embargo tal como nos cuenta el síndico de la papelera, en este proceso no estuvieron solos. La panadería del barrio, vecinas, vecinos y algunas cooperativas se acercaron a darles una mano con lo que podían, desde el aporte de materia prima hasta un pedazo de pan para comer.

Luego de varios meses de resistencia una vez declarada la quiebra lograron que la legislatura de la Provincia de Buenos Aires aprobara la ley de expropiación. Pedro nos relata que en ese momento sintieron que por lo menos les dieron esa ley para quedarse en la fábrica, “pero estábamos en la misma que el patrón, no había industria, no había nada, la idea era quedarnos, pero ¿producir para qué?”. Durante el primer tiempo, sobrevivieron con sólo una de las dos máquinas con las que cuentan actualmente, la que produce papel higiénico.

Ya entrado el año 2003, luego de haber tocado fondo, la situación económica del país lentamente empezó a mejorar. Con el default a cuestas, pero con un mercado interno que se recuperaba, las industrias nacionales volvieron a encontrar espacios para vender su producción.

El primer gran cambio, que hoy perdura, fue pasar de turnos de ocho a doce horas, dado que la fábrica tiene la necesidad de mantener su producción las veinticuatro horas del día. Muchos compañeros se habían ido a buscar otras oportunidades durante el proceso. Cada uno de ellos tenía una familia que necesitaba comer. El siguiente obstáculo, que no se hizo esperar, llegó con los proveedores. Una frase que solían escuchar luego de golpear puerta por puerta era: “¿Que les voy a dar a ustedes? No me pudo pagar un empresario y, ¿me van a pagar ustedes?”. El panorama no era el mejor.

Pero lentamente, con el esfuerzo sostenido de quienes decidieron quedarse a bancar la autogestión, es decir los socios fundadores de la cooperativa, se logró que entrara una primera camada de socios nuevos, a los meses de retomar las tareas. Junto con la ayuda de estos, se alcanzó el objetivo tan preciado: arrancar la segunda máquina, con la que se produce cartón.

Esto no es menor, ya que empezarían a compensar parte de sus costos fijos, al aumentar la producción. Uno de ellos nos cuenta que “entramos a hacerle mantenimiento, limpiarla de arriba abajo. También hacíamos ocho horas, si estaba complicado nos pedían doce y nos quedábamos, pero no había recompensa monetaria, porque no había plata, ellos también laburaban ocho horas y cobraban cuarenta pesos”.

Los trabajadores nos cuentan que todo fue una apuesta a futuro, y que nadie podía asegurar que lograrían su objetivo. Sin embargo, desde el principio apostaron a esta alternativa colectiva porque era la única salida viable que encontraron para no engrosar las filas de la desocupación. Y tuvo sus frutos. Con esfuerzo y dedicación, de a poco fueron creando nuevos clientes. El circuito comercial comenzaba a crecer y se ampliaba la producción, por lo que necesitaban más personas que estuvieran en el día a día. De esa forma, nuevos socios se sumaban a esta experiencia que ya está cerca de cumplir quince años.

Dueños de su trabajo

Cuando se les consulta su opinión sobre la autogestión la respuesta es inequívoca: desafío y responsabilidad van de la mano. “En relación de dependencia sos un número, al empresario no le importa si aportás o no, pero acá en la cooperativa podés aportar, abrirte, podés opinar” nos comenta Pedro.

En la fábrica ya no quedan técnicos, ni supervisores, ni patrones, sólo los trabajadores. Todos conocen los problemas y entre todos los resuelven. “Acá cobramos todos igual, laburamos todos igual. El que es presidente y el que barre el patio cobran igual, tienen que laburar lo mismo, y así estamos desde que empezamos” continúa.

El mensaje para este trabajador es claro y conciso: “Todo depende de vos, no del patrón. La fácil es estar bajo patrón o bajo conducción del Estado. Estando en un sistema como en el que estamos nosotros la lucha es todos los días, y sabés que si no trabajás, no cobrás”. Y esto lleva a que, a pesar de la connotación positiva de la palabra “autogestión”, ciertas complicaciones emergen en la papelera, como así en muchas otras organizaciones, más allá de la forma en que esté organizado el trabajo.

En general, el reloj y el compromiso suelen ser el denominador común de cualquier problema. Las horas pasan, las máquinas no paran, y los turnos cambian. “Si no respetás el reloj, no respetás a un compañero al que lo está esperando la familia. El hombre no puede irse de la máquina porque no aparece el relevo”, afirma Pedro.

Esto deja en claro que una de las problemáticas existentes viene dada por el diferente compromiso que está dispuesto a asumir cada uno. En este sentido, otro de los trabajadores, Diego, afirma que “mucha gente que viene de antes, de cuando había patrón, está acostumbrada a que le den órdenes y a que le digan lo que tiene que hacer”. Pero el patrón ya no está y tampoco lo volvieron a ver (aún cuando el auto que le pertenecía quedó dentro del predio de la fábrica ya que los trabajadores le impidieron sacarlo).

Sumado a esto, por ser una cooperativa atraviesa una situación particular que tiene ver con la falta de incentivos de los trabajadores para ocupar puestos de mayor responsabilidad. No es que trabajás sólo en la máquina doce horas y te vas, estás todo el tiempo trabajando. Es difícil que la gente se meta eso en la cabeza. Yo pienso que acá cada uno es dueño de su trabajo, no de la fábrica”, continúa Diego  y agrega además que cuesta que la gente se comprometa en serio, pero que cada día van mejorando un poquito.

Incluso, para fomentar el compromiso Pedro explica que tienen “el mensaje de que todos tienen que pasar por el consejo de administración. No es que estamos atornillados”. Porque estando ahí es donde cada uno puede empaparse de lo que son las problemáticas de la fábrica y construir conjuntamente el camino que están llevando a cabo. Asimismo surge también que el cambio generacional que vive la papelera está en constante tensión con el compromiso que se necesita.

Muchos nuevos integrantes de la cooperativa son pibes jóvenes que no tienen el sentido de pertenencia para con la fábrica que sí tienen los socios que bancaron el proceso de recuperación y control obrero. Pero, para los socios más antiguos, la herramienta fundamental para generar el compromiso es la participación en las asambleas. Pedro relata incluso que “a todos les decimos que tienen que pasar por acá para saber lo que es discutir con un compañero”.

Más allá de estas problemáticas que van surgiendo, los socios siempre saben que, ante cualquier problema, hay un compañero dispuesto a ayudarte. También nos cuentan que la autogestión los fortalece como personas: “Acá no hay técnico, supervisor, sólo nosotros”. Diego nos cuenta que para él, según su propia experiencia, todo es aprendizaje y formación. Y que del trabajo colectivo, siguen dependiendo cincuenta y cinco familias, a lo que agrega: “Esas son las cosas que te hacen pensar todo el día. Por eso tenés que hacer caminar esto… y cada uno tiene su tarea en pos de ello”.

¿Cooperativismo igual socialismo?

Ocupar, recuperar y poner a producir una fábrica no implica adentrarse en un proceso revolucionario teóricamente formado con el objetivo de alcanzar el socialismo. Incluso muchos de los trabajadores no tienen ni las ganas, ni el interés en dar el debate político para ello. La papelera no es la revolución, pero más allá de esto, todos los días yendo a laburar, los trabajadores de la cooperativa son protagonistas, con mayor o menor compromiso, de la construcción del trabajo sin patrón.

Consciente o inconscientemente están aportando a una forma de producir alternativa, donde no existe la explotación de la fuerza de trabajo por una persona que tiene la propiedad de los medios de producción. En la papelera existe la socialización de los conocimientos de laburo y de gestión, dejando de lado la propiedad privada de estos.

Esta experiencia de cooperativismo está inserta en el mercado, pero no sólo para sostenerse a sí misma, sino que además están creando y apostando a nuevas lógicas de trabajo, alternativas, y, sobre todo, posibles. No están sentados hablando de algo utópico, sino que con su esfuerzo de todos los días lo van construyendo. Y Diego lo deja muy claro: “Lo que trabajamos es para todos, no para uno. Es importante generar esa conducta desde adentro. Depende de nosotros que sigamos trabajando y haciendo bien el laburo”.

Y como de ellos depende, es importante subrayar que se genera un proceso de activación de la voluntad individual para satisfacer una necesidad colectiva. No van a laburar porque los obliga el patrón, sino que lo hacen por el colectivo.

Si algo se debe remarcar es que esta experiencia no quedó acabada en la fábrica, sino que se amplió a otros espacios que estaban en situaciones similares. Los trabajadores nos cuentan que “fuimos un trampolín para otras empresas recuperadas. Somos la segunda cooperativa expropiada en forma legal en el país. Nos tocó ir a transmitir nuestra experiencia a otras fábricas. Nosotros recibimos mucha ayuda, entonces una vez que estuvimos bien, hicimos lo mismo con otros compañeros”.
Además, como las ayudas recibidas de la comunidad jugaron un rol fundamental durante el proceso, Pedro nos cuenta que la cooperativa tiene un compromiso con la sociedad, “por eso hicimos un complejo para que el barrio lo pueda utilizar. Ahora hay una escuela para chicas y chicos con discapacidad, y le damos material didáctico. Cumplimos un postulado básico de las cooperativas que es compromiso con la sociedad”.
Así, en la papelera, se va prefigurando una alternativa colectiva surgida con el fin de obtener mejores condiciones de vida para las personas, demostrando que existen alternativas, que el patrón no es imprescindible y que los trabajadores lograron plasmar sus necesidades sin que la teoría jugara un papel preponderante para romper con la lógica de la ganancia y del individualismo.

Romper con esto último es vital para este tipo de procesos ya que las “alianzas” con otras fábricas, con organizaciones sociales, con vecinas y vecinos, hacen posible el proceso de ocupación, y ponen de manifiesto que, a diferencia de la lógica individualista y competitiva del capitalismo, solidaria y cooperativamente se pueden trazar alternativas a la lógica dominante.


[1] Principal avenida que conecta La Plata con la localidad de City Bell.

viernes, 22 de julio de 2016

COMUNICADO RNMA: Repudiamos intento de cierre de radio comunitaria


Desde la Red Nacional de Medios Alternativos nos solidarizamos con lxs integrantes de la FM Sol y Verde que transmite por el 89.5 en el partido de José C Paz, en el oeste del conurbano bonaerense. #ENACom #ComunicacionPopular #Censura

El pasado 13 de Julio  se presentaron funcionarios representantes del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) en la sede Club Solidario de Sol y Verde, en donde funciona la emisora comunitaria, entre un conjunto de actividades recreativas, culturales y sociales que se gestionan junto a lxs vecinxs de la zona.
Como lo hemos expresado en otras circunstancias creemos y entendemos a la comunicación como un derecho humano el cual, como muchos otros, se defiende y ejerce para enriquecer las vida de los pueblos.
Con nuestros medios de comunicación comunitarios, alternativos y populares,  venimos trabajando y pidiendo a los gobiernos de turno la legalización de nuestros proyectos comunicacionales.
Ante la poca voluntad expresada por el Estado para dar legalidad a nuestra legitimidad nos manifestamos en estado de alerta para defender el ejercicio del derecho a la comunicación e información.
¡Si tocan a uno nos tocan a todxs!
Argentina, 21 de julio de 2016

Comunicado de la FM Sol y Verde http://solyverde.blogspot.com.ar/